cyborg

estamos hechos de química y socialización

Noah Yuval Harari, https://www.ynharari.com/es/ , y otros antes, nos avisaron que la era cyborg estaba a punto de llegar, y que probablemente significaría un punto de inflexión evolutivo para los seres humanos. Harari va más lejos en el desarrollo de esta idea en su último libro y nos habla del riesgo potencial de convertir el paradigma ricos VS. pobres en uno nuevo (o no tan nuevo), superhumanos VS. irrelevantes, en el que los superhumanos (que serán fácilmente los ricos) serían los que pudieran perfeccionarse gracias a fusionarse con tecnologías bio-implantadas, eliminando procesos de envejecimiento celular o mejorando las capacidades cerebrales, por ejemplo. La química manda y la socialización perfecciona.

Antes sonaba todo a ciencia ficción para entretenimiento, pero poco a poco va pasando menos y empieza a sonar a industria en proceso de implantación.

somos inventores empedernidos

Quedan pocos años de debate previo, científico, ético, moral y legal. Como pasó con los teléfonos móviles, los humanos no podemos parar de crear nuevas vías de cambio estructural, y la tecnología ha sido siempre el disparador. Ya están colándose, a la sombra de los debates, las iniciativas para llegar a ser cyborg legales, y el marketing y las marcas fabricantes se frotan las manos esperado el pistoletazo de salida.

Los nacidos en el S.XXI y especialmente sus hijos, ya serán quizás cyborgs nativos, pero yo creo que habrá que buscar un nombre interesante para esa “generación uno“. El debate esta aun abierto y habrá que volver a ello a menudo en los próximos tiempos. Muy interesante.

post covid

Estamos en la época post-, post de todo, post-covid, post-analógico, post-burbuja, post-verdad. Llevamos en ‘lo post-‘ más tiempo que nunca en la historia. Que yo recuerde lo más nombrado era la ‘posguerra’ como se decía en la calle. Parece que lo post- ha triunfado sobre lo pre-, como si así fuéramos más listos o algo y ya hubiéramos triunfado: hemos dado el paso siguiente a algo, hemos descubierto un nuevo horizonte de sucesos posibles, porque somos post-.

Lo que interesa ahora en las redes es todo lo que tenga que ver con el bichito vírico este, al que han llamado covid, que parece más un nombre de un producto o incluso una marca o una empresa de algo tecnológico igual. Yendo a fuentes más o menos fiables, la OMS dice que Covid es una enfermedad nueva: (https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/q-a-coronaviruses)

la COVID‑19 es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus que se ha descubierto más recientemente. Tanto este nuevo virus como la enfermedad que provoca eran desconocidos antes de que estallara el brote en Wuhan (China) en diciembre de 2019

De manera que no tiene mucho sentido hablar de post-covid, porque esta enfermedad se queda a vivir con nosotros como tantas otras. Poco se habla y se publica del origen, del detalle de cómo ha aparecido una enfermedad nueva así, cuándo, dónde, por qué.

“Tenemos un nombre para la enfermedad: es covid-19”, dijo el director de la organización, Tedros Adhanom.

Es muy interesante indagar sobre cómo llamamos a las cosas los humanos; dice mucho de quienes somos, en este caso de quiénes son los científicos (ciencia con mayúsculas) que hoy tanto protagonismo tienen en todo en nuestras vidas: https://www.bbc.com/mundo/noticias-51912089

“Teníamos que encontrar un nombre que no se refiriera a una ubicación geográfica, un animal, un individuo o un grupo de personas, y que también fuera pronunciable y relacionado con la enfermedad”, explicó Adhanom. La ciencia siempre aprende de sus errores, y corrige para evitar lo que pasó con la gripe porcina que acabó con miles de cerditos inocentes.

COVID es un nombre adecuado a esas reglas sin duda, pero no suena amenazante, y casi dan ganas de tener una mascota o un peluche que se llame así. Quedaría bien quizás como marca de aceite o de vino, tan nuestros. La época Post-covid se nos está llenando de análisis y ciencia y pseudo ciencia y marketing, y se nos está vaciando de actitudes positivas.

Acabo de hablar con un compañero, investigador independiente como yo, que lleva varios meses sin estar en ningún proyecto (esto es el drama del que hay que ocuparse señores políticos; tanto daño al empleo!) y me definía como optimista empedernido cuando le decía que por fin las salas de reclutamiento y celebración de grupos y entrevistas han arrancado, como algunos bares y cines y restaurantes y hoteles y negocios en general. Como siempre los autónomos dando la cara, empujados por su necesidad y por su vocación muchos, las mal llamadas ‘start ups’, los chiringuitos y kioskos. Volvemos a la carga después de tanto zoom impersonal y frío, por mucho calor que intentes ponerle.

yo doy el año por perdido!

No he podido animarle, más bien creo que le he fastidiado y lo siento, no ha sido mi intención. Yo no puedo dar el año por perdido, no quiero hacerlo! Como me decía Pilar Escario cuando disfrutaba del trabajo con ella y con su empresa, ‘Jesús, yo voy a morir con las botas puestas’. Qué bien me hacía sentir eso, caminado con ella y sus 70 años al aeropuerto, qué orgulloso me sentía, y me siento, de ser de esa casta. Un año no se da por perdido hasta el 31 de Diciembre, atragantado de uvas. Y por eso mismo, nunca se pierde, aunque ganes menos y sudes más para llegar ahí activo.

esto me ha salvado la vida!

En el otro polo, una amiga, secretaria de dirección, deprimida por la situación y la tensión actuales, se va a un centro de ayuda y dedica varias horas al día a organizar y dar comidas a las personas que peor lo están pasando en Madrid. El frente, le digo, y ella asiente; ‘he estado a punto de hundirme del todo y solo ayudando me he salvado’. Ojalá lo cuente por ahí.

Pienso que muchas personas, profesionales o no, pueden estar en la duda, recogiendo subvenciones, aplazando pagos de deudas o de cuotas, viviendo de herencias anticipadas, etc.; en la duda de si dar o no el año por perdido. No soy quien para aconsejar a nadie. Nos vemos en las uvas, a 31 de Diciembre 2020, con lo bonito que era el número de este año. Seguiremos con el siguiente post-algo. Me gustaría que fuera el post-acomodamiento, y pre-todo esta por hacer y por vivir!

viva la era Pro-

pro-salud, pro-naturaleza, pro-tomarse las cosas con calma, pro-amores y amistades y buenas vibraciones, pro-cuidar a tu entorno y de la gente con la que te cruzas, pro-menos quejas y menos dramas que no nos va tan mal, pro-que no te engañen que no necesitas conseguirlo todo para ser un poco feliz de vez en cuando, pro-respira tres veces antes, pro-cómprate ese caprichito que te puedas permitir, pro-autoestima.

Recordad una verdad bastante contrastada hoy en día: “somos las historias que creamos y que creemos”.

retail

Félix es un carnicero deshuesador, sabe deshuesar un animal, lo aprendió de su padre, que hasta hace pocos meses le acompañaba en la tienda, en el mercado de abastos de mi ciudad. Comprar en este ‘canal’, tan antiguo como el hombre, me cautiva cada semana. Los ‘puestos’ abiertos, uno detrás de otro, los aromas y sonidos de carnicerías, pescaderías, fruterías y panaderías, tiendas de variantes, y alguna casquería que sobrevive todavía, o ¿acaso está vendiendo más últimamente?. Es una comunidad, de clientes y tenderos (una palabra excelente y en desuso) y la experiencia de cliente es directa, casi cruda e intensa diría, un reto para los sentidos y la habilidad mental. En un mercado se juega a ganar, en tiempo real, salir con la compra correcta o salir aturdido con la pieza de pescado equivocada, quizás.

El mercado de abastos no te deja indiferente, los tenderos te miran y te saludan, gritan que tienen una excelente pescadilla del cantábrico a 7 euros. Los expertos en este tipo de compra diaria o semanal suelen ser gente con cierta edad. Hoy ya no se ven niños pidiendo, con el encargo de sus madres apuntado en un papel, ni muchos jóvenes intentando hacerse con el código secreto de ‘la buena compra’. Y los datos apuntan a que es un canal en declive, ¿lo es?

predecir el futuro es la gran ilusión

Félix me recomendaba unos filetes de redondo de ternera, tras preguntarme qué quería hacer, qué plato iba a cocinar. Estaban a un precio muy rebajado hoy y es carne excelente para un ‘vuelta y vuelta’, en bocadillo por ejemplo, o unos ‘cachopos’, un plato con cierta fama últimamente, decía. Me dejo recomendar y me gusta charlar con los tenderos, especialmente si son ‘expertos’ en el producto de su negocio, con años de experiencia. Esa experiencia es un regalo para mí.

‘Esto se acaba’, pero yo no acabo aquí. El mercado no es el futuro, me dijo. No me iré, me gusta vivir en esta ciudad; supongo que me contratarán en alguna cadena de supermercados y trabajaré por un sueldo. ¿Y qué ocurrirá con esta carne exquisita y a buen precio? le pregunto, yo lo echaré de menos. ¿No hay salida? El cree que no, que la única opción son los platos preparados en areas de supermercados, con más o menos nivel según sea el perfil de gasto de la población media. Mi carne ya preparada, en un guiso con patatas, así será, dijo. Eso quiero, le dije, carne para guiso. Si no te importa su aspecto llévate esta, es fea pero es la mejor.

¿Qué haría falta? pregunto. Mantener el amor por el oficio y un poquito menos de ambición por todas partes, ¿te parece posible?

ahora vuelve la cocina, es ‘on’ y es ‘off’

Nuestra breve conversación acaba con esta sentencia: ‘la moda de cocinar trae una guerra de precios‘, ya nadie va a aceptar el coste que le ponen a la carne, si sabe qué piezas son las adecuadas y cómo utilizarlas. Lo hemos hablado mucho, me decía, un grupo de amigos de restauración y yo, y el consumidor informado es mucho más complicado.

El retail evoluciona deprisa, innova en el multicanal, intenta convencer en las experiencias de usuario, potencia y analiza su data (aunque no suficientemente al parecer), busca su posicionamiento en el eje valor añadido vs. precio, ya que al parecer no hay nada en medio, y no abandona las tiendas, porque nos siguen gustando! OFF y ON son lo mismo, dos caras de una misma moneda, la de las motivaciones y deseos de los usuarios, que son viajeros y conversadores, seres sociales nos guste o no.

conversar con ellos sigue siendo clave.

refs:

El mercado de Abastos cerrará por la tarde tres días en semana los ...

zoom

Es muy interesante, y adecuado a veces, investigar mediante herramientas on-line, y ciertamente es algo diferente a dialogar cara a cara con los participantes en un estudio cualitativo. Aunque en realidad la esencia es la misma: buscar la postura equidistante entre investigador e investigado, escucha concentrada y facilitadora, profundizar en la búsqueda de motivos y claves de comportamiento, y más. Pero sí, la dinámica es otra.

¿qué es investigar, cualitativamente hablando? es ritmo.

El cualitativo es, según lo veo yo, una especie de danza, un movimiento y un ritmo de acople entre observadores y observados. La cuestión del ritmo en la moderación de entrevistas, grupos o etnografías, es, a mi parecer, una de las claves del ´éxito de un estudio. De ahí que algunos guiones fracasen estrepitosamente.

Cuando se entrevista a distancia, en un entorno un tanto ‘desensibilizado’ (porque no hay olfato, ni tacto, ni entorno común) y la vista y el oído, que son lo que tienes a mano, están mediatizados por una cámara y un micro del ordenador o del móvil, que no suelen ser de altísima calidad generalmente, la preparación, la postura y el ritmo del moderador han de ser objeto de análisis por parte del responsable del proyecto.

algunas claves, aprendidas con los años,

  • escucha y siente el ritmo del entrevistado: no le avasalles, adáptate con suavidad a sus tiempos de habla y de espera. El visual te ayudará a entender cuál es su momento de hablar o no, pero sobretodo el oído (como en las antiguas entrevistas telefónicas), te llevará de la mano. Si le interrumpes se entenderá peor o nada en absoluto.
  • Piensa todo el rato que estás en un entorno artificial, el sonido puede llegar des-coordinado de cuando haya salido de tu boca o la suya en la imagen, etc.). No dejes de preguntar dos veces si algo no está claro, no te dejes arrastrar por los tiempos. El on-line suele ser algo menos inmediato, mas lento.
  • Si hay que incidir en algo, pide permiso: ‘perdona un momento, disculpa que te corte….’ Para grupos, ‘zoom’ por ejemplo ya te permite bloquear micro de unos u otros, si necesitas manejar el tema con más intensidad, o enfocar mejor la conversación.
  • La imagen es siempre importante, especialmente la del investigador: la postura relajada y dispuesta, la mirada a la cámara directamente (los entrevistados verán que les miras a los ojos), el entorno de fondo que elijas para conectar, cómo sea la habitación que capta la cámara, la luz, etc. (ahora hay muchos filtros de fantasía o fotográficos para elegir como fondos, pero has de pensar qué imagen puedes dar si pones una imagen de Disney por ejemplo!). tener conciencia de que la cámara que te transmite, y el micro, no son lo natural, sino un mediador entre tú y los entrevistados, y viceversa. Y hay que intentar ser auténtico, uno mismo, creíble y atento.
  • En un ideal has de intentar traspasar esas barreras para acercarte al participante como si estuvieras con el/ella/ellos en su entorno, o también al revés, dejar que ellos se sientan cómodos en tu entorno y esto se consigue con mucha atención, mucho respeto y delicadeza en el trato: tu voz, tus frases, tu tono has de cuidarlos muy bien en cada caso. Has de estar especialmente enfocado cuando trabajas online, porque es fácil desconectar, por ambas partes.
  • Atento a la implicación. En on-line es fácil desinhibirse, y aunque se haya vendido otra cosa en estos años para favorecer el uso de estas herramientas digitales, ese tono desinhibido no es más auténtico ni mas sincero. Es un problema para la autenticidad de los resultados. Cuando el moderador, o los entrevistados, entran en un exceso de familiaridad porque se sienten protegidos por la barrera tecnológica, la dinámica de la entrevista, de la conversación, se altera y entra en un territorio difícil de valorar y analizar después. No es un v-chat con la familia que no ves desde hace tiempo, no debe serlo.

on-line es preparación, anticipación y control de la ansiedad en un entorno ficticio,

especialmente en las primeras entrevistas y grupos, moderar online supone volver a poner en práctica el entrenamiento y los ensayos previos, como cuando empezabas en F2F. La ventaja es que es muy fácil convocar a una o varias personas conocidas, con un programa de video-streaming (zoom, skype, msteam, recollective….) y ensayar.

El resultado ha de ser el mismo, sentir que has conectado, que te han dejado indagar en las verdades ‘del otro’ sin tú poner las tuyas en el tablero, sin juzgar, empatizando al máximo, durante el tiempo acordado.

la expresión ‘se me ha pasado volando’, sigue siendo un buen final de entrevistas y grupos, también en pantalla,

es lo que todos queremos, ser escuchados y tratados con respeto y atención. Ahí radica la validez y profundidad del cualitativo, que no es fácil de conseguir, on line o no.

Data

el siglo XXI, dicen muchos eruditos, es el siglo de la información relevante, de los datos y los ‘insight’ derivados de su análisis exhaustivo. Todos esos datos serán recopilados y analizados en grandes bloques por robots, algoritmos en busca de patrones operables. De hecho ya esta ocurriendo desde hace tiempo. Y se dice además que la IA y los avances en biotecnología ya pueden dar predicciones fiables sobre perfiles cognitivos humanos, es decir, diagnósticos de comportamiento probable basados en análisis emocional. esto es el presente y el futuro del hombre en las próximas décadas, afirman.

¿de dónde sale todo ese conocimiento, ese ‘data’?

pues hasta ahora parece ser que se escarba en bases de datos de compra, de geo-localización, de autorizaciones que les damos a programas y aplicaciones instaladas en los móviles y ordenadores personales, de análisis de probabilidades, o sea, estadísticos de paquetes de datos aleatorios, de los bancos de datos de empresas de servicios, filtrados o vendidos, de observaciones mediante cámaras, en fin, pueden salir de muchas fuentes, varias de ellas con nuestra autorización consciente o no.

se afirma que cada vez más les daremos esos datos a las empresa de análisis y a las instituciones publicas, y que serán datos más precisos, fiables y personales. Y lo serán porque llevaremos más ‘gadgets’ encima, en la ropa, relojes, móviles, sensores. Y en las calles, tiendas, empresas, habrá más cámaras de alta resolución, sensores de temperatura y movimiento, espías de todo tipo, controlados por una red de algoritmos actualizada en tiempo real.

la hipótesis en alza es que los algoritmos irán poco a poco, pero de forma exponencial, asumiendo esa información, y añadiéndola a sus procesos de ‘deep learning’, el cerebro del cerebro artificial. Los creadores de todo esto están siendo los ingenieros informáticos, los científicos, los ejecutivos de grandes compañías tecnológicas y el capital inversor claro. Pero el proceso no será posible o no será completo sino participamos todos, como ya estamos haciendo, regalando nuestros datos de forma masiva y sin preguntarnos nada acerca del uso y del trato de esa información.

¿quién utiliza nuestra información personal, de nuestras acciones, hábitos y gustos, personalidad? ¿para qué la va a utilizar? ¿puedo dar marcha atrás y borrarla? ¿no deberían al menos pagarme y darme garantías de uso debido por ella? etc.

se augura un mundo, no lejano, en que más de un 50% de la humanidad no tendrá trabajos como los de ahora y tendrá que inventarse otros o directamente no podrá hacer nada productivo. Pero no incidiendo más en argumentos catastróficos qe nadie puede asegurar está la realidad actual, la inconsciencia de dejarnos seducir por el atractivo de la tecnología disruptiva (la que extrae toda la información que puede sobre nuestras vidas, con un simple contrato de aceptación de servicios de la nueva ‘app’ o el nuevo ‘gadget’, lleno de ‘letra pequeña’ que no leemos).

Y es que es tan chulo el alexa en la mesa del salón, que enciende nuestra calefacción antes de llegar y calienta el plato preparado que dejé en el micro, mientras el roomba limpia la moqueta! Ciertamente.

“I want to break free”.

Analistas

¿quienes son estos analistas, investigadores, que lo analizan todo, las gentes, las costumbres y hábitos, los gustos y las antipatías?

Conozco a muchos porque estoy entre ellos, me muevo con ellos aunque vaya por libre, he trabajado para y con ellos durante más de 30 años. Cesar, Jose Luis (maestros), Mario, Anita, Huini, Rebecca, Josette y MªCarmen, Luis, Chemi, Jorge, Goyo, Paco, Asunción, Juanjo, Maria Jose, y tantos más. Gente que se pregunta qué, cómo y por qué, y saca sus conclusiones. Gente que a veces no se pregunta sino que deja a los otros preguntarse a sí mismos. Gente que, en el mejor de los casos, no deja de sorprenderse cada vez, cada nuevo intento de llegar a entender a los demás y sus mundos. Gente que probablemente se siente muy normal, a pesar de hacer algo muy poco normal, escuchar atentamente, observar y analizar, diagnosticar. Grandes palabras.

al final es un trabajo más, ¿no?

No; se intenta, pero no lo es. La des-conexión del final de la jornada de la mayoría de los trabajos no ocurre fácilmente con los analistas, siempre abiertos a recibir ideas, estímulos, “insights”. Con un pie en la creatividad y el arte de pensar, asociar, buscar conexiones, y con otro en la mecánica de la demoledora y exigente industria de la información de calidad, la que habla de lo que hacemos los humanos. Siempre para las marcas y su hambre de ideas, los gurús, los directores de marketing y de comunicación, que se deben a sus públicos y clientes, y para los insaciables algoritmos.

Los analistas están en esa batalla de la incertidumbre que tanto nos preocupa a las sociedades, en un occidente (y quizás también en oriente), y que, curiosamente, nunca han vivido un periodo histórico con menos incertidumbre que el presente. Algunos sustos sí, de algún virus malévolo o la enésima catástrofe económicas, climática, de valores, que los humanos nos aseguramos de generar regularmente. Es el deseo por saber más que el otro, antes que el otro, para tener más éxito que el otro, y sentir un poco de certeza. Hoy casi todo el mundo se siente analista, comentarista, operador, sea cual sea su formación y su profesión.

(foto en http://www.unsplash.com)

Profesionales arrastrados por su propia necesidad de saber y la presión de los que quieren comprar ese saber. Es la adrenalina de llegar a una idea luminosa, porque genera conocimiento, explota en miles de pequeñas ideas circundantes. O es el placer de llegar a conectar con otros, con los extraños a los que indagan, a los que escuchan, que se muestran y desnudan su interior por un regalo, por ser escuchados y tenidos en cuenta.

Llegará, ya esta llegando, el día de los algoritmos, los chatbots, la escucha activa por IA, y por ello, los nuevos analistas serán diferentes, quizás ni siquiera sean, en el sentido de ser de carne y hueso. Estos analistas humanos, de vocación, irán poco a poco mezclándose con los algoritmos, interactuando con ellos, como en tantas otras profesiones en transición, como la humanidad misma.

Pero la actitud, me gustaría pensar, seguirá siendo la misma; dejarse sorprender, pasión por entender, eliminar el prejuicio, dominar la propia vanidad, establecer la equidistancia correcta. Este no es un trabajo para charlatanes ni para remilgados, sino para humildes y auto-criticos. No habrá otra manera de entender, de conectar, de predecir, que con la “emoción abierta”, ese imposible.

salud y larga vida! analistas.

Viejos

Somos supervivientes, quizás demasiado

En definitiva lo que nos mueve no es otra cosa que la supervivencia, como a los demás seres vivos incluidos las bacterias y los virus, y sobre ese instinto básico la evolución nos ha ido dotando de un sistema de conciencia y valores sociales y propiamente humanos, agresivos y conquistadores unos, defensivos y tranquilos otros. Valores muy ligados a las emociones. La actual crisis, como todas las que son traumáticas como las guerras, está removiendo la lista de prioridades de cada cual y poniendo en jaque esos valores, eticos, morales.

Estamos entre la espada y la pared, y la espada es nuestro sistema económico

El debate está caliente, ¿hay que mantenerse en el confinamiento exigido a la población para evitar el crecimiento en la propagación del virus Covid-19, o hay que relanzar ya la economía globalizada antes de que el daño sea catastrófico? ¿Debemos empezar a salir a trabajar, ir de compras, volver a los bares ya y arriesgarnos a ser contagiados o contagiar? Y sabiendo a quién va a afectar más duramente la pandemia ¿podemos aceptar ese sacrificio humano, mayoritariamente el de los viejos, nuestros viejos?

Dedicarles un minuto de reflexión a los mayores es obligado

Pensar en ello es una experiencia triste hoy. Pensar en esas personas que han vivido las guerras humanas, con balas y muertos y traiciones y vencedores y vencidos, las terribles posguerras, las reconstrucciones traumáticas del tejido humano y social, y que desde hace unos años cuidan a muchos nietos en favor de sus hijos que van a trabajar en sus flamantes SUV o directamente les alimentan cuando han perdido sus trabajos.

Pensar bien en ellos y decidme si hay que dejarlos morir a manos de un virus, solos en sus casas, sin sepelio ni entierro.

teletrabajo

Algunos dicen ahora que el teletrabajo ha venido para quedarse, y dan sus argumentos. ¿El teletrabajo como el nuevo paradigma de espacio laboral que va a potenciarse en el corto plazo de las empresas?, yo no lo creo.

Hoy mismo he hablado con una cliente que me ha aclarado que el teletrabajo, en el caso de su sector de producción de alimentos, es una opción mínimamente interesante salvo para puestos de gestión administrativa, si acaso.

La cuestión relevante sería si va a haber teletrabajadores óptimos y suficientes que sean la nueva fuerza laboral de “white collar”. ¿Es posible que se desarrolle e imponga el “digital collar”? un trabajador sin puestos fijos, siempre conectado digitalmente y en la nube, y en número más masivo que los consultores o profesionales libres que hoy son la punta de lanza de este tipo de actividad.

Teletrabajar es un reto muy complicado para cualquier persona. Los que llevamos años en esta condición lo sabemos bien y es quizás la única certeza. Lo es porque exige enfrentarse con uno mismo de forma diferente, sin el apoyo perceptivo constante del entorno, del ambiente de una oficina y un espacio marcado como laboral (vs. el espacio personal de cada uno), de las miradas y comentarios de los compañeros, de las charlas en la zona de café o en la puerta de entrada en el “momento nicotina”.

ser teletrabajador es trabajar solo

“working at home” es algo más que un tipo de música en la lista de Deezer o Spotify, que te ayuda a mantener el tono frente a la pantalla y los papeles en la mesa, o la concentración sobre tus temas de trabajo cuando sabes que nadie te ve y puedes irte a la cocina o a la terraza cuando te venga en gana. Es más que conectar por zoom cada cierto tiempo y tener el whatsapp web abierto para sentirse acompañado.

conocerse uno mismo es el apoyo fundamental, el master de la lista del “must do”

quieras o no, en el teletrabajo estás contigo mismo y tus actitudes, tus valores y tu voluntad. Son imperturbables compañeros de viaje. Tu conciencia es tu jefe, tus valores humanos y morales son tu guía, ¿puedo hacer trampa con los tiempos, con las revisiones del trabajo, con las colaboraciones externas, o con el atuendo?

Gran parte del trabajo del teletrabajador es autoanalizarse regularmente, y sacar conclusiones operativas.

la disciplina autoimpuesta es necesaria, sea cual sea

un antiguo amigo teletrabajador de mi sector me decía hace tiempo: “somos como Maru-Yuppies, igual estamos en pijama escribiendo un informe con una mano y haciendo un cocido para la hora de comer con la familia con la otra”

Asearse bien al levantarse, hacer tus ejercicios y la habitación, recoger el estudio, tenerlo todo limpio cada día, revisar tus aparatos y tenerlos preparados y en condiciones. La caja de herramientas ha de cuidarse como si fuera tu vida en ello. Son solo algunos ejemplos. La clave es que cada uno tiene que aprender qué es lo que le pone las pilas cada día, porque son sus pilas, y en realidad nadie le obliga a tenerlas cargadas, salvo los ingresos y la AEAT.

Photo by Andrew Neel on Unsplash

el premio o el castigo cambian de dimensión en el teletrabajo, dependen de la propia percepción de uno mismo, más que de los demás

darse un regalo cuando todo sale bien, o cuando se ha conseguido un nuevo objetivo cumplido o sencillamente cuando se puede “dominar esos días flojos” que aparecen cada cierto tiempo.

O apretar el ritmo y la autoexigencia cuando algo sale realmente mal. Solo discernir en qué medida un fallo ha tenido que ver con uno mismo es una tarea muy relevante y necesaria que cuesta afrontar. La frustración es el fantasma tras la puerta.

ser teletrabajador es un reto profesional en sí mismo y no hay formación específica reglada de calidad para ello, en parte porque solo uno mismo está bajo su piel

y hasta ahora las empresas no han querido considerarlo seriamente, quizás por miedo a perder el control. Los directores habitualmente quieren poder “llamar a cualquiera a su despacho“.

La propia experiencia, puede ser la guía de arranque para quien quiera teletrabajar. No todo el mundo puede y desde luego no mucha gente quiere. La lista de los “pros y contras” es una ayuda pero no es suficiente. Lo importante de un análisis DAFO no es colocar bien los contenidos en los cuadrantes, es ser honesto con la elección de esos contenidos, que sean relevantes para la persona y sus emociones.

teletrabajar es un descubrimiento constante, un viaje sin retorno hacia la resiliencia o el abandono; un subibaja emocional sin duda.

cuando iniciamos este viaje no sabemos dónde te va a llevar, pero seguro que quedamos marcados como personas, porque no hay nadie a quien culpar si te mientes a ti mismo o no, si te respetas o no, si te esfuerzas por mejorar o no. De ahí el concepto de “marca personal”.

Teletrabajar es un camino idóneo para aceptar la incertidumbre y la crisis constante en la que vivimos desde que somos una civilización rica y acomodada, pero poco satisfecha o feliz. Y quizás todos seremos un poco de todo a partir de ahora. Yo desearía que al menos fuéramos todos un poco más conscientes de nosotros mismos, y así no nos llevemos a engaño, y eso es un trabajo psicológico personal más que organizacional.

Mucho animo y mucha suerte a todos los digital collars antiguos y nuevos. Se abre el tiempo de los grandes retos.

https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/entrevista-naomi-klein-gente-habla-volver-normalidad-crisis-doctrina-shock

Duffy publica un desgarrador -y esperanzador- escrito sobre su desaparición — THE RUBIEW

Duffy narra la historia de cómo fue violada y secuestrada.

Duffy publica un desgarrador -y esperanzador- escrito sobre su desaparición — THE RUBIEW

La realidad atendida son las redes sociales. Todo lo relevante para el ser humano está ocurriendo aquí, dónde está la palabra y las historias. Incluso las crisis personales, los dilemas y traumas, lo que es más intenso de la vida física real toma su espacio en las palabras e imágenes en las redes y se hace más real, más relevante, vivible. Algún historiador dijo que el “chismorreo” es lo que hizo que el homosapiens se hiciera el dueño y señor de la vida en este planeta. Porque como dice Duffy, la cantante y quizás también la persona que hay detrás, la sensación de liberarse contándolo lo cambia todo y puede resetear el cerebro. El mismo mecanismo básico de la confesión católica, del psicoanálisis y de las terapias. Que vuelva a cantar, y sus fans nos sentiremos también más libres.

en el súper

Decidimos que yo saldría a hacer la compra. Semanal o quincenal, sería lo mejor. Supe de una vecina del barrio que su madre había cogido el Covid-19, creían por los síntomas que mostraba, y que podría ser de la última vez que salió al súper un par de semanas antes; aún no le habían dado cita para las pruebas; estar en casa aislada y tomar paracetamol era todo el consejo que recibieron por teléfono. Su marido se aisló con ella, pasara lo que tuviera que pasar; los hijos se encargarían de la logística de la casa.

Son heroicidades, o actos de amor prefiero decir yo, que están ocurriendo a nuestro alrededor y que probablemente no estamos viendo ni oyendo en toda su dimensión.

Casi todo contenido en las redes sociales y en las noticias está cargado de criterios de “expertos” que nos hablan de las “10 maneras de superar la crisis con éxito”, los “5 pasos que debemos dar en la post-crisis para mejorar”, o “el cambio inevitable, en 9 características clave, que va a provocar esta crisis en la humanidad”. Algunos van más allá y hablan de “postguerra” “renacimiento” “depresión y colapso”, apoyados con gráficos y modelos matemáticos, siempre el número para intentar ser más creíbles. Yo cada vez conecto menos, intento ver películas o documentales y ya, porque sé desde hace mucho que los números “cantan lo que quieras con poquito que los presiones”.

Photo by Mick Haupt on Unsplash

Ir al súper es suficiente experiencia humana para mí en los tiempos que vivimos. Mirar a los ojos, acercarse demasiado, hablar al extraño, se han convertido en riesgos de enfermedad y muerte, y en conductas de irresponsabilidad social. El miedo se percibe, la adrenalina, el estrés, el auténtico estrés, y la posibilidad de que el pánico inunde nuestro cerebro y nuestro corazón y nos de un arrechucho. ¿Qué ha pasado con nuestra capacidad de aburrirnos y no hacer nada?

He vuelto, he deseado buen rollo y amor a los demás que me han dirigido la palabra, a las cajeras que ahí siguen por su sueldo miserable muchas veces, equipadas con sus EPI’s. y sudando bajo las campañas protectoras. He desinfectado los envases con agua con lejía. He notado que solo las miradas dicen mucho más que antes. Que el gesto de coger deprisa un producto se hace con nerviosismo y con vergüenza a veces, cuando solo quedaba uno. Por fín me he quitado la mascarilla de un solo uso azul, me estaba dejando sin aire.

Nada que decir, nada que juzgar, por mi parte. El súper es la experiencia suprema hoy en lo social, en la clase media claro, y cómo me gustaría entrevistar “online” al personal de los súper del mundo entero. También me pregunto si esto es igual en la clase alta, y estoy seguro que no. pero, ¿qué pensarán? ¿tendrán miedo igual que el resto de los humanos?

Estamos luchando contra nosotros mismos creo yo, descubriendo nuestro yo de la crisis total, del miedo a la muerte y la incertidumbre más real, que ataca a varias generaciones (baby boomers en adelante). Haciendo yoga, gimnasia, baile, cantando. No sabía que había tantos artistas y deportistas a mi alrededor.

Por eso los abuelos y abuelas siguen siendo mucho más certeros y héroes que los demás. Porque ya vivieron estos horrores y mucho peores aún (guerras y matanzas y hambre), puedo imaginarlo. Y por eso nos siguen dando lecciones de humildad. Cualquier cosa puede ocurrir en la vida, un simple bichito microscópico, puede poner en jaque a toda la civilización humana en unos meses. Ni Alejandro Magno, ni julio César ni Augusto habrían podido ser tan eficaces. ¿No es una lección de humildad?

Después de una hora de experiencia en el súper, mirándome como si fuera un sujeto en observación CX, estoy cerca de entender la teoría de Yuval Noah Harari, y quizás, solo quizás, sería más sensato seguir siendo cazadores recolectores y vivir al día, disfrutando de cada minuto. Porque el siguiente nunca estuvo garantizado, aunque existan las ofertas 3×2 en el súper.

https://www.ynharari.com/es/

…”los cazadores recolectores tenían muy pocos artefactos y estos desempeñaban un papel pequeño en sus vidas. Un individuo medio de una sociedad moderna rica poseerá millones de artefactos, desde automóviles y casas hasta pañales y botellas de leche….”

Yuval N. harari – Sapiens De animales a dioses.