Generalizar no vale. Tuve y espero seguir teniendo la suerte de trabajar con jóvenes, porque ponen a prueba tu capacidad y tu inteligencia en cada frase y lo hacen con cariño y con respeto, al menos en mi caso. ‘No tenéis ni idea de lo que pasa cada jueves, viernes o fin de semana por las noches en nuestra ciudad’. ‘Eso que sacáis en la publicidad antidrogas mola mucho, es casi como un cuento de hadas comparado con lo que courre de verdad, me molan esos anuncios’.

Hace ya tiempo que tengo constancia de que estamos equivocados en la manera que entendemos a los jóvenes en las grandes ciudades, y que equivocarse con la generación que nos sigue es lo normal, lo que casi siempre ha pasado. Ellos no quieren que seamos sus colegas, ni que hablemos como ellos, ni que nos dejemos timar por trucos faciles de adolescente, y desde luego, no quieren que les tengamos lástima o les ninguneemos.
Conocen nuestros vicios y nuestra debilidades, saben que preferimos no mirar porque ‘ya les estamos pagando sus estudios y sus juergas’, para poder seguir con las nuestras.

La mayoría son cultos, son tecnológicos y habiles, son amigos de sus amigos y probablemente muchos han abandonado ya la idea de tener unos padres que realmente les escuchen y se preocupen activamente por ellos y su futuro. Otros tendrán algo mas de suerte.
Querremos luego que nos paguen las pensiones, nos voten y mantengan la democracia, nos respeten las propiedades y las canas.

Querremos que no miren cuando no somos capaces de castigar a los ambiciosos, a los corruptos o a los ladrones e inmorales. Pensaremos que eso se arregla con una campaña y una macrofiesta con alcoholes etílicos saliendo a chorro de las botellas de marca falsa en las barras.

Gracias a los jóvenes, a escucharlos, me he dado cuenta de que son estupendos y me entristece como se van a buscarse la vida a otro pais y me hunde ver que mueren aplastados en una macrofiesta sin control.

Muchos hablan idiomas, conocen alguna ciencia y metodologías, controlan la tecnología de ultima generación y le sacan partido, se mueven entre tendencias, viajan con ligereza, y saben dialogar y razonar. ¿Quedarían muchos políticos y empresarios en pie si les exigiéramos ese mismo nivel?

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