¿Qué hacer para comunicar la tristeza, y provocar la compasión? ¿Filmamos actores o personas reales que sufren? ¿Enseñamos la realidad más directa, cruda, o buscamos imagenes y conceptos incisivos, publicitarios, sin ‘hacer sangre’? ¿Buscamos generar valores de marca emisora o dejamos que el mensaje directo de petición de ayuda sea el protagonista sin más? ¿Testamos el concepto cualitativamente o nos fiamos de nuestra intuición y experiencia?


Estamos inundados de estimulos externos e internos y muchos ellos son penas. Las tristezas y dificultades de otros nos resvalan por la conciencia porque nuestro cerebro se defiende para evitar el daño emocional y sobrevivir mejor. Cada vez es más difícil crear un mensaje verosímil que se haga hueco en la memoria, que nos movilice a ser más generosos. Nos cuesta mucho admitirlo, como nos cuesta mucho escuchar a los demás. A lo mejor también es que nos cuesta mas aun escucharnos a nosotros mismos.
Pero nos queda el humor, de tan ácido ya sarcasmo.
Intentar comunicar hoy y ayer la conciencia social en España es un trabajo ingrato, y sin embargo cuanta gente hay ayudando hoy, sin mensajes, sin anuncios, y sin protagonismo. Probablemente la mayoría de los ‘generosos’ no se movió por una campaña, aunque probablente también se sintieron secundados por alguna de ellas. Valorar a estas personas y organizaciones es darle un poco de luz al mundo.


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